Un Cuento De Hadas — Una Novata En
Era la primera vez que Elara pisaba un suelo que no obedecía a la gravedad, sino a las rimas. Al cruzar el umbral del viejo roble en el jardín de su abuela, no cayó en un agujero, sino que aterrizó suavemente sobre un campo de margaritas que pedían perdón cada vez que ella las pisaba.
Elara miró el calcetín. Estaba tejido con hilos de luz de luna y olía a lluvia fresca. Una novata en un cuento de hadas
La bruja sonrió, y por un momento, sus ojos reflejaron constelaciones enteras. Era la primera vez que Elara pisaba un
—¡Ay! —exclamó una flor de pétalos amarillos—. Ten más cuidado, forastera. No todos los días viene alguien con botas de suela de caucho a interrumpir nuestra siesta. Estaba tejido con hilos de luz de luna
—Porque todos los cuentos necesitan un punto de vista externo para no volverse locos —dijo la bruja, lanzándole un calcetín de rayas—. Tu trabajo es simple: no intentes entender el "porqué". Aquí las cosas no pasan porque tengan sentido, pasan porque son hermosas, terribles o rítmicas.